El circo y yo

La primera vez que no fui al circo, podía oler a los tigres desde la ventana pero una noche todos se marcharon sin esperar a que les visitara. La segunda vez que no fui al circo, había que apretarse el cinturón porque eran malos tiempos y las entradas eran un gasto imprevisto. La tercera vez que no fui al circo, mi hermano quiso ser hijo único y ejerció como tal dejándome en casa. La cuarta vez que no fui al circo, era un espectáculo triste y maltrataban a los animales. La quinta vez que no fui al circo, pensaron que era para niños y yo ya no querría ir. La sexta vez, me escapé con el circo y no me han vuelto a ver el pelo.

Sólo puede quedar uno

No pude transformarme en princesa porque el imbécil seguía mirando. Y claro, el imbécil seguía mirando porque sabía que así yo no podría transformarme en princesa. Así que yo también miré al imbécil, frente a frente, desafiante. Había llegado el momento de saber quién iba a sobrevivir, el imbécil o la princesa. Rescaté mi pintalabios del fondo del cajón, lo apreté fuerte sobre mi boca y rompí de un golpe el espejo. Viva la princesa, muerte al imbécil.

Favela

Ayer cuando me levanté había crecido un muro frente a nuestra casa. Aún no levantaba un palmo del suelo, aunque era bastante largo, desde la casa de Nuno hasta más allá de la de João. Hoy, antes de marcharme al colegio, vi que el muro seguía creciendo y ya me llegaba al hombro. Ahora ya no se ve la piscina de los otros y se hace más difícil llegar al colegio. Mañana, con suerte, el muro será más alto y Nuno, João y yo podremos jugar al balón contra él.

Desvaríos de un dinosaurio

Cuando despertó, el dinosaurio aún estaba allí.

Despertó allí, cuando aún estaba el dinosaurio.

Él estaba aún allí, cuando Dinosaurio despertó.

Dinosaurio despertó, aun cuando él estaba allí.

Aun allí, estaba el dinosaurio cuando despertó.

Estaba allí aún, cuando el dinosaurio despertó.

Allí estaba aún el dinosaurio, cuando despertó.

Dinosaurio, ¿aún estaba allí cuando él despertó?

Realismo mágico en estado puro

La cabra tira pa’l monte, y yo, todos los días, para la meseta. Algo que en principio queda para la intimidad. Pero lo de hoy merece un alto en el camino. Dos noticias me han llamado poderosamente la atención:

Caso 1: titulares ¿Cocodrilos en el Duero? vía Norte de Castilla; No hay cocodrilos en el Duero, vía El Mundo. “Eh increíble”, como decía aquél de los rizos de oro. La noticia es mejor leerla directamente de las fuentes. Si hubo un elefante asiático capaz de cruzar la península, surcar el Mediterráneo, cruzar los alpes y llegar a Viena en el siglo XVI, espero que llegue a oídos del amado Saramago esta historia, esta vez basada en hechos irreales, para trazar un cuento al menos tan increíble como el anterior. Al fin y al cabo, la historia ya tiene ese escenario transfronterizo.

Caso 2: titular Un actor de la serie ‘CSI’ será la imagen de los alimentos de Castilla y León, vía El Mundo. El inefable Warrick Brown cambia noches ibicencas por lentejitas de la Armuña, queso de oveja zamorano y habones de La Granja. Y es que sólo la también inefable Silvia Clemente podría haber elegido a tan alto exponente de la sana alimentación. Rico, rico y con fundamento.

Y todo porque la realidad, más a menudo de lo que pensamos, supera a la ficción. Siguiendo el hilo catódico, la verdad está ahí fuera.

Si puedes mirar, ve.

Si puedes ver, repara.

José Saramago

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